Confesiones de Afrodita

on

Entra, suavemente, sin llamar a la puerta

descalza y desnuda

con flores

oliendo a primera,

el día después del invierno.

Su pelo largo

sus pechos llenos.

Me mira

ojos profundos de muchas vidas

-no soy una niña, soy una Mujer-

siento un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo

mi velo se desvanece

mis ojos se aclaran

vuelvo a mirar al espejo

el rostro conocido

el alma encarnada

-no soy una niña, soy una Mujer-

el mensaje se queda impregnado

primero como fuego que quema toda mi corteza

y luego como agua, calmando mi piel, acunando mi corazón

Me veo por fin

en ese espejo que llega con una mano en el corazón y otra en la barriga

guiándome hacia dentro

descendiendo hacia la verdad

descansando

muriendo lentamente en brazos de la Gran Madre

deshaciendo quien creia que era

conociendo a mi verdadero yo

levantándome otra vez

probando mis nuevas piernas

caminando nuevamente

esta vez,

hacia arriba

hacia la primavera

hacia Ella.

 

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