Dejé que me perforase

on

mujer

La espada entraba sin piedad por dentro de mi boca.

Tardó en salir la sangre llena de sexo.

No pude más. La dejé hacer, dejé que me perforase. No quise pensar quien era, qué era.

Lo olí otra vez. Olía como siempre, olía a ese perfume que me emborrachaba, el que me acompañaba en la bañera.

Le dije adios.

Me olvidé de él y empece a pensar sólo en mi.

Llena de sangre. Llena de sexo. Llena. Y tan vacía como antes.

Siempre había sido igual, pero ahora podía verme. Como si estuviese escondida detrás de la cortina.

¿Por qué ahora podía y antes no?

Tocaba decirme adios.

Dejarme sóla por un rato. Dejarme sin juicios, quedarme con la de la cortina. La que todo lo observa y nada dice.

Y sonó el tambor. El tambor de la tierra.

Desde las entrañas, para decirme vasta.

Para acompañarme mientras moría.

Mientras me convertía en sonido, en tambor, en danza. En sangre y en tierra.

En verdad, en sexo.

En yo y en ti.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s