Jugando a las tinieblas

leyendo vela

En el trabajo nuevo que hago no me funciona eso de planearlo todo. Porque antes planeaba hasta cuando toser porque así yo creía que me salían mejor las cosas. Pero esto ya no me vale en la isla.
Ayer vino el chico del tenis a aprender chistes en español a mi casa. Y justo cuando abrí la puerta se fue la luz. La de mi casa y creo que la de algunas más. Y no era ni el mejor momento ni la mejor casa para quedarse sin luz. Y como siempre en este trabajo tuve que improvisar y jugar distinto. Así que busqué las velas que tengo reservadas para Elefante y convertí mi cocina en una iglesia. Y como llovía mucho y hacía frío de nieve y la calefacción tampoco funcionaba, le presté una manta y unos calcetines al chico del tenis y yo me puse dos jerseys. Y todo se convirtió en un chiste muy real. Porque no lo tenía planeado. Así que me entró una risa contagiosa que hizo que el chico pasase una clase inolvidable y que me regalase un corazón con la planta de la isla dibujado. Me dijo que me lo regalaba por mi cumpleaños, pero yo se que me lo regalaba por la clase tan graciosa y tan inesperada. Así que nos quedamos jugando a las tinieblas hasta que las velas se acabaron, y su padre vino a buscarlo. Y la luz volvió, y también la calefacción. Y luego todo fue normal como nunca.

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